Luís Martínez
Quiero aceptarmeTú, Ofrenda glorificada, deseas de mí recia disciplina, para que sea igual a las especies, fuerte en el sacrificio y lleno de amor.
(Hacia el Padre, 149)
(Hacia el Padre, 149)
Aquel llega a su casa tras la jornada de trabajo y se encierra en su taller a practicar su hobby, pidiendo a su familia que no lo moleste; su vecino se sumerge apenas puede en su programa televisivo favorito, pidiendo a su familia que no lo moleste. En la siguiente cuadra otro se sirve su tercer whisky con soda, pidiendo a su familia que no lo moleste, mientras a pocos metros un cuarto está sentado ante su computadora preparando la charla que dará en su grupo religioso, pidiendo a su familia que no lo moleste.
Qué diferencia a nuestros cuatro personajes? Por qué nos parecen aceptables algunas actitudes y no las demás? El fin, justifica los medios?
Sutil y subjetivo se nos presenta el diferenciador entre una acción noble o saludable y una “fuga” - ya sea conciente o impensada - de nuestra realidad de vida.
El Padre Kentenich, en la estrofa citada, pide al Señor ser disciplinado como las especies de la naturaleza, es decir aceptar reciamente nuestra propia esencia y nuestra propia circunstancia y no buscar escapes; aceptarnos y darnos con amor y hasta con sacrificio.
Fuga, escape, distractor o como queramos llamarlo, cada quien tiene el suyo y debemos hurgar en nosotros mismos para identificarlo.
Hagámoslo preguntándonos:
Cuál o cuales de mis actividades pueden ser en realidad fugas de mi mismo o de mi realidad?
Si encontramos alguna, ha llegado la hora de establecernos un buen Propósito Particular al respecto.