Talleres para la Mesa de Luz Nro 25

Luís Martínez
Quiero heredar el Cielo

Enséñame a vivir cada día de tal manera, que el morir sea fácil, como corresponde a un heredero del cielo; enséñame a enjuiciarme cada noche
para que después de la muerte contemple tu rostro y el de Dios.
(Hacia el Padre, 219)


Si leemos a la ligera esta estrofa del Oficio de las Horas compuesto por el Padre Kentenich, podríamos quedarnos con la impresión de que se trata de pedir a Dios ayuda para realizar cada noche un buen examen de conciencia.

Sin embargo, una mirada mas atenta nos revela toda la profundidad del compromiso al que estamos apelando: pedimos al Señor que nos eduque para vivir permanentemente libres de mancha y desapegados de las cosas del mundo, de tal forma que si acabaran nuestros días, nos marcháramos con gracia y en Gracia. Heredando el cielo.
La actitud que nos invita el Fundador a conquistar y mantener es la santidad de la vida diaria; la libre elección del bien sin relativismos y el desprendimiento de todos los afectos que, por desordenados, impidan que nuestra alma se mantenga recia y firme, aun en la adversidad.

Como dice el Padre José; enjuiciemonos:

Qué cosas, actitudes, manías y disfrutes en mi vida entorpecen mi camino hacia el Padre?

Qué puedo hacer para, en la práctica, librarme de ellas?