Luís Martínez
Quiero recuperar mi AngelPones un ángel a nuestro lado, presto a custodiarnos, y nos das una Madre bondadosa, que con amor cuida de nosotros.
(Hacia el Padre, 70)
(Hacia el Padre, 70)
El Padre Kentenich, en esta estrofa de la Misa del Instrumento, no hace remontar hasta nuestra infancia poblada de inocencia, confiada credulidad y fervorosa imaginación.
Nuestro Angel de la Guarda era, en aquel entonces, presencia tranquilizadora en las noches oscuras y respaldo certero en nuestras incursiones allende los límites protectores de papá y mamá.
Junto a él y en número creciente con el correr de nuestros tiempos, aparecieron los Superman, los Papá Noel, los Mickey Mouse y muchos otros que, con independencia de su valor artístico y su moraleja de moral discutible, fueron poblando la gama de héroes imaginarios.
Y al Angel de Guarda, confundidos, lo guardamos en el mismo baúl de juguetes.
Se trata, entonces, de recuperar la noción de presencia viva y vital que esos seres divinos - y reales - tienen a nuestro lado y en nuestro apoyo.
Tendría que preguntarme:
Soy consciente de que mi Angel, en este preciso instante - como durante toda mi vida - está aquí y me sonríe?
Inculco en los míos, principalmente en mis hijos, el cariño y la confianza hacia el guardián solícito que Dios le regalo?